PSOAS, MIEDO, CONFIANZA Y CÓMO VOLVER AL ORÍGEN

 
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Venimos a este mundo con la confianza de serie. A un bebé de 14 meses, no le preguntes sobre si confía o no, él simplemente ES. No está pendiente de lo que sucederá mañana o del berrinche que tuvo ayer cuando su amiguito de la guardería le quitó un juguete. Nacemos siendo, simplemente y día a día.

Pero entonces, ¿qué nos pasa cuando ya somos adultos? ¿Por qué dormimos mal, andamos pendientes de las experiencias pasadas o haciéndonos películas mentales con el futuro? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo perdimos la confianza?

Llegamos a esta vida vestidos con un cuerpo maravilloso y, dentro de él, un cerebro preparado para que sobrevivamos.

Simplemente. Estamos hechos para sobrevivir.

Por eso, a medida que crecemos, nos adaptamos al medio, a las palabras que escuchamos, a la educación que recibimos, a los condicionamientos. Los niños aprenden lo que tienen y no tienen que hacer, decir y ser para poder gustar y complacer. Porque estamos hechos para sobrevivir, y como mamíferos lo que más necesitamos es el cuidado de nuestros progenitores o figuras más cercanas: para sobrevivir necesitamos esencialmente sentirnos amados.

Y ahí empieza el baile. Porque para asegurarnos la supervivencia, sacrificamos (ojo, de forma tooootalmente inconsciente) esa parte más genuina, auténtica, confiada y pura. Creamos un ‘programa’, un personaje que nos vamos creyendo cada vez más, siendo esclavos de nuestras creencias, y automatizando nuestras reacciones ante cualquier situación que nos recuerda ese momento ‘original’ en el que tuvimos que protegernos. Así también vamos moldeando y adaptando nuestro cuerpo, la forma de estar, de moverse, de expresarse corporalmente, de modular la voz, etc.

Pero la buena noticia es que los humanos podemos cambiar. Podemos darnos cuenta, descubrir y liberarnos de ese funcionamiento, dejándonos ser y dejando que los demás también sean lo que desean y puedan ser. Entiendo que a alguien le puede sonar eso de que ‘el cambio es posible’ a serie de Netflix, pero si te digo que es una cuestión de práctica, tenacidad y con su punto de fe (palabra que viene del latín fides, es decir, lealtad), sí que se puede.

¿Por dónde empezar? Como te he contado al principio, existe una relación directa entre nuestros programas mentales y nuestra estructura física actual. Así que, si hay que decidir qué es primero, si el huevo o la gallina, es decir, si la mente o el cuerpo, te respondo que lo primero es todo. Porque desde ahora mismo tú y yo vamos a negociar un acuerdo: ‘no estamos divididos’. ¿Aceptas?

Y aquí es donde te voy a presentar al psoas, un músculo (bueno en realidad son dos) que está muy implicado con nuestro instinto de supervivencia.

Te dejo un link para que puedas localizarlo en tu cuerpo y comprendas que tiene un papel muy importante en el sostén general del cuerpo, porque es el único músculo que conecta las piernas con la columna, nos asegura una correcta movilidad y evita problemas tales como dolores lumbares, de cadera o fatiga.

Pero además, y eso es también lo que quiero que hoy te lleves, el psoas nos prepara para la respuesta instintiva ante una situación de supervivencia, y por ende, de protección. En una situación de respuesta inmediata ante el peligro, el psoas nos prepara para la huída, corriendo, saltando o para protegernos, enroscándonos en forma fetal, para proteger nuestros órganos vitales, o también quedándonos congelados, quietos y silenciosos, preparados para la reacción. En todas esas situaciones tu músculo psoas está activado.

el psoas nos prepara para la respuesta instintiva ante una situación de supervivencia y de protección
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Así que si el psoas está involucrado con estas reacciones físicas y emocionales básicas, un psoas crónicamente tenso envía continuamente señales de peligro, agotando nuestro sistema inmunológico.

Por eso hoy te invito a recuperar la salud de tu psoas, a liberar la tensión innecesaria, no sólo con estiramientos, sino también trabajando tu conciencia corporal, eso es, aprendiendo a detectar los mensajes que hay detrás de esas tensiones. Eso es estar somáticamente despiertos.

Al recuperar la esponjosidad y la flexibilidad se desarrolla confianza en el equilibrio de nuestro esqueleto. Sentimos que nos sostenemos de forma natural, sin  cargas. Y eso influye en todos los aspectos de la vida, en cómo nos sentimos, cómo observamos, cómo nos tratamos y nos relacionamos.

Como ya sabes, a mi me gusta #bajaralcuerpo toda esta información con la que hasta ahora he ‘alimentado’ a tu mente. ¿Te apetece? Vamos a comenzar este nuevo camino para volver a los orígenes, a un cuerpo más libre y con vitalidad, empezando por unos movimientos que te ayuden a tener más conciencia de tu psoas, y a que observes, con la práctica, cómo te sientes antes, durante y después de estos movimientos.

Te invito a que tengas cerca papel y bolígrafo para tomar nota de esas sensaciones y describirlas. Y aún mejor, si realizas esta práctica unos días observa cómo es tu sensación de confianza, de sentirte entera/o, de habitar tu cuerpo.

Te dejo también los links de otras dos sesiones relacionadas con tener una buena base física y psíquica, con tener raíces y recuperar tu poder (ver abajo).

¿Empezamos?

 
Miriam Diaz Parra2 Comments