Be water... my body (Cambio y Cuerpo) +audio

Hace unas semanas participé en una charla cuyo tema era “Cómo vivir el cambio al emprender” enfocada mujeres emprendedoras que están iniciando su proyecto, o están en pos de ello, aportando mi visión “psico-corporal” del cambio… ¿Cómo vivimos el cambio en el cuerpo? ¿Cuánto y cómo nos afecta?¿Podemos gestionarlo desde el cuerpo? ¿Qué podríamos hacer?

Así que me puse a rumiar sobre el tema y qué mejor que ponerme a mí misma y mi experiencia con mis clientes, como ejemplo. Y es que el cambio es puro movimiento, porque la vida es una sucesión constante de cambios.

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Personalmente creo que podemos partir de querer o no querer cambiar. En el primer caso, si estás en sintonía con el proceso (be water my friend), el cuerpo suele darte señales de alegría, placer, deleite y no hay tensiones: te sientes en tu salsa.

Pero amiga, ¿y cuando te resistes al cambio? A veces las resistencias son inconscientes, quiero decir que hay una parte tuya que realmente lo quiere, lo desea, pero otra que no para de frenarte (Laura Ribas la bienllama “el fronterizo”, para mí es “el monkey”), a través de pensamientos/creencias limitativos. Ahí entra, la querida mente a tomar los mandos de nuestro avión vital. ¿Y cómo vivimos eso en el cuerpo? Te pongo algunos ejemplos: dificultad para respirar, cefaleas, insomnio, bruxismo, tensión en las articulaciones, dolores cervicales o lumbares, molestias en las plantas del pie… Hay síntomas como colores, ya que cada uno somatiza el runrún mental a su manera. Somos únicos.

Puedes guardar ese bonito pack de tensión/estrés/presión y no decir esta boca es mía, hasta que un día salta por los aires; también puedes ponerte la medalla de la victimitis y quedarte ahí todo el tiempo que quieras, tú eliges. Pero hay otro camino, que es el de ACEPTAR. Sólo puedes cambiar cuando dejas de luchar y de pelearte con eso.

A veces el miedo viene asociado al cambio, y en general suele enmascarar un deseo de controlar las situaciones. Si queremos controlar todos los aspectos de nuestra vida, tendremos estrés asegurado. Quizás podemos encontrar alguna forma de gestionar ese miedo y necesidad de control, a través del cuerpo, soltándolo y aflojándolo.

Cuando aceptas el cambio, lo tomas con naturalidad y sin negar la incertidumbre que conlleva, tu “red” mental y corporal empieza a aflojarse. Por supuesto que es importante trabajar el mindset (mentalidad) sí o sí, pero yo hoy te hago otra propuesta: flexibiliza y suaviza tu estrés, flexibilizando y suavizando el cuerpo.

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FLEXIBILIDAD vs RIGIDEZ

Puedo convertir mi cuerpo en un aliado. Y te voy a dar un razonamiento simple, para que tu “mona” mental se quede tranquila: Si tienes un tejido tenso/estresado (llamémosle músculo, por ejemplo), tu cuerpo adopta sí o sí una postura corporal, y si sufres ese estrés o tensión durante tiempo prolongado, la postura se convierte en patrón corporal y mental. Entonces, ¿no será razonable que ese patrón cambie, cuando flexibilizamos y soltamos esa tensión suavemente? ¿No será necesario soltar? Aquí la respiración va a ser la clave, ahora te explico cómo.

Te propongo unos pasos muy sencillos, para que vivas mejor tu cambio, o si necesitas bajar tu nivel de estrés.

Busca un lugar tranquilo, y estírate sobre una esterilla o similar (el colchón no vale).  Y a continuación:                                                                                       

Primero_       Para y obsérvate (tan simple, y a veces tan difícil). Hazte estas preguntas ¿Cómo estoy ahora?¿Cómo se apoya mi cuerpo? ¿Dónde me apoyo? ¿Cómo respiro?

Date un par de minutos para integrar las sensaciones y hacerte una idea global de cómo estás.

Segundo_     ¿Cómo quiero sentirme? Aquí te invito a que dejes volar tu imaginación, poniendo el foco en cómo te quieres sentir corporalmente, para que tu cuerpo empiece a recibir esos mensajes. Defínelo desde dentro, intentando ser muy concreta, algo que puedas identificar claramente en tu cuerpo: flexibilidad, agilidad, equilibrio… Cuando más concretes, mejor. Elige especialmente la sensación que más te haga vibrar.

Céntrate en esa palabra para que cuando hagas cualquier movimiento sea buscando esa sensación.

Tercero_         ¿Sigues estirada? Bien, pues ahora dobla las dos piernas; suavemente, primero una y luego la otra. Siente las plantas de tus dos pies sobre la tierra. Ahora coloca tus dos manos bajo la pelvis, apoyando la palma en el suelo, forma un triángulo con los dedos pulgar e índice de ambas, justo bajo la zona donde está el hueso sacro, apuntando con el vértice superior del triángulo hacia el coxis. ¿Ya estás ahí? Pues ahora, aflójate en esa posición, y deja que tu respiración sea natural, sin forzarla. Y ahora viene lo mejor: Apoyando las plantas de los pies, sin hacer apenas esfuerzo, comienza a mover tu pelvis, lenta y suavemente, en pequeños círculos sobre ese “triángulo” de tus manos, como si quisieras seguir las agujas de un reloj. El sentido de los círculos no importa, dedícate a disfrutarlo y si quieres en algún momento cambiarlo, feel free (hazlo).

No te preocupes por hacer un gran movimiento, escúchate y hazlo como TÚ necesites hacerlo ahora.

Haz este movimiento suavemente durante un ratito, el tiempo que tú quieras. Permítete sentir, quizás vengan imágenes o emociones… ya veremos.

Cuarto_         Cuando ya tengas suficiente, lentamente retira las dos manos de debajo de tu pelvis, aflójalas a cada lado de tu tronco y estírate suavemente. Cuéntame, ¿cómo estás ahora?

El objetivo de esta práctica es que bajes el volumen de tus pensamientos, te aflojes y sueltes también algunas tensiones.

AQUÍ TIENES EL AUDIO DE ESTA PRÁCTICA, DISFRÚTALO!

En mis sesiones hacemos un trabajo más profundo y variamos los movimientos, pero creo que este truco puede ayudarte a ir sensibilizándote con ese SOLTAR del que te hablo, para vivir un cambio más “amable”.

Practica este sencillo ejercicio diariamente, y cuéntame en los comentarios cómo te fue o en mi perfil de Facebook , y si quieres ¡compártelo con tus amigos!

¡Gracias por tus comentarios!.