HACER NADA

 
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Estoy escribiendo una serie de artículos e ideas que publicaré durante este mes, aprovechando el ecuador veraniego. Y para el primer post me he inspirado en una conversación que tuve con una amiga que se dedica al life coaching. Hablamos sobre la importancia de parar y entender que incluso cuando no hacemos nada, estamos creando y que ese momento de “nada” es el que nos da la energía e impulso para continuar. Como ahora llegamos a un momento del año invocado como agua de mayo, las ansiadas vacaciones, os voy a hablar de HACER NADA.

Que sirva por adelantado decir que esto no es un artículo de autoayuda o para crear una nueva necesidad, porque ya recibimos suficientes imputs, yo incluida, sobre lo que nos iría mejor hacer o no hacer, o sobre fórmulas para sentir más o menos felicidad. Lo que te propongo no tiene ningún tipo de obligación ni complicación alguna; se trata de aprovechar este momento del año en el que la gran mayoría baja el volumen de actividad e introducir un hábito sencillo.

Vivimos en un sistema, ajustados en una estructura en la que, por lo general, pasamos el 90% del año trabajando… y cuando llega el verano hay una necesidad de descanso o desmelene, según cada usuario. Nos cuesta comprender que incluso cuando durante el año laboral estamos tan activos, es muy importante reservar momentos a “no hacer”.

Por lo que veo en mis clientes, se malinterpreta eso de “hacer nada” con tomarse un tiempo para descansar, leer el libro que lleva semanas aparcado en la mesita de noche, o ir a dar una vuelta por la playa, por ejemplo. Pero eso no es “hacer nada”, eso es descanso u ocio.

Así que lo que te propongo es mirarlo desde otro ángulo que quizás no habías tenido antes en cuenta, ni los beneficios que puede conllevar HACER NADA DE  NADA. Traducido al día a día, se trata de dedicar un tiempo a parar y simplemente Ser.

Darnos el permiso de disfrutar el placer de no hacer, y de estar con nosotras mismas (e incluso aburrirnos).

Uno de los objetivos de HACER NADA es que con la práctica, se despierte tu escucha interna, seas más consciente de tu momento y  tus ciclos (en otro artículo te hablaré de ver la vida en espiral). El objetivo fundamental es recargarte de energía, y de esa forma sentirte llena de motivación para conectar con tu creatividad y poder, en positivo.

Por eso te propongo lo siguiente: Tanto si estás de vacaciones o si estás trabajando en verano, vamos juntas a encontrar un momento para no hacer.

El primer paso es: DATE PERMISO.

Sí, como si volvieras a tener cuatro años y tuvieras que pedir permiso a mamá o papá, tu psique tiene una parte inconsciente que ha registrado lo que está o no bien, y a veces eso te limita. De manera que ahora se trata de que TÚ te des el permiso de no hacer nada. Y nada es NADA. No me vale sentarme en el sofá, tumbarme 1000 horas en la playa, pegarme una siesta monumental o quedarme mirando la tele mientras chafardeo en Facebook, por ponerte unos cuantos ejemplos.

Elige qué momento (o momentos) puedes hacerlo; quizás levantándote 20min antes, reservando algún momento durante el día/ noche o déjate un espacio durante el fin de semana, por ejemplo. Decide el momento más propicio y comprométete contigo a hacerlo. No hace falta que sea cada día, puedes “citarte” un día concreto en una hora determinada, pero asiste a esa cita.

Cuando llegue ese momento, apaga móvil, tele, radio, hijos, pareja y amigos (busca un lugar privado).

Paras y no haces nada. Simplemente, ERES. Hacer nada es parar, estar en silencio, estar contigo. Degustar el placer de hacer nada, de estar quieta, atenta a tus sentidos.

Si eres una persona que te cuesta dejar de hacer, te propongo que comiences tu práctica de no hacer por algo sencillo como OBSERVAR.

Puedes empezar por sentir tu cuerpo, ¿hay alguna tensión? ¿Cómo estás en ese lugar en el que estás? Observa tus pensamientos, ¿qué es lo que piensas? ¿Con qué rapidez pasas de un pensamiento a otro? ¿Surge el aburrimiento, el juicio, la culpa? ¿Qué emociones acompañan a esos pensamientos?

Para no engancharte a lo mental, observa las sensaciones: ¿puedes descubrir algo nuevo en ese espacio en el que estás? ¿Qué ves? Siente los olores, los sabores, los sonidos…

Hacer NADA, también es aceptar el aburrimiento. Porque en el momento en que reconozco que me estoy aburriendo, estoy creando un espacio único para mí.

Recuerdo que la primera vez que hice conscientemente NADA, fue como requisito de la formación en MLC* que estaba finalizando. Era el último año y tenía que estar durante 72 horas, es decir 3 días con sus noches, enteramente sola, aislada y sin hacer nada (a excepción de las tareas básicas como comer, dormir o asearme) el resto de las horas era NADA de NADA. ¡Eso para mí fue un auténtico reto! Y mira que me creía muy zen, y que ya llevaba tiempo en mi camino de autoconocimiento… Pues no, esas 72 horas fueron una prueba. Porque me di cuenta de que en realidad siempre estaba haciendo algo, que soy un culo inquieto y no me permito parar tanto como yo creo. Durante esos tres días tomé conciencia de lo que es aburrirse en mayúsculas, tuve momentos de lucidez y claridad total, y vi cuánto evitaba estar a solas conmigo. Ese año empecé a valorar todavía más la importancia de re+conectarme.

Hacer nada te permite contactar con muchas de tus aristas, como la crítica, el juicio o la culpa, pero también con redondeces, como la suavidad, la humildad o la tolerancia hacia ti misma.

Uno de los aspectos que nos impide HACER NADA es el sentimiento de culpa. Vivimos en una estructura social y mental, en la que se valora la efectividad y la productividad, mientras que se critica al que no sigue esas normas, a quien decide ser libre. Y qué mejor forma de control que una buena dosis de culpa, a base de pensamientos machacones (limitantes). Por eso es tan efectivo incluir este hábito, aunque sea en pequeñas dosis, para encontrar esos espacios de libertad para ser una misma, y darle una patada voladora a la culpa.

Este verano no hago vacaciones, así como se entienden en general, pero sí me tomaré el mes de agosto como un tiempo de evaluación y planteamiento (y algo de acción, aprovechando que me quedo en Barcelona). Eso sí, tengo clarísimo que voy a reservarme mis momentos de hacer nada (de nada) precisamente para recargar pilas y poder seguir creando, y acompañando a mis clientes.

Y tú, ¿qué vas a hacer? Cuéntame qué te ha parecido mi propuesta y si te apetece, compártela.

Con cariño,

Míriam

* MLC© son las siglas del Método de Liberación de Corazas, del que soy facilitadora diplomada

 


 
Miriam Diaz ParraComentario